23.11.06

La ciencia del sueño (o nírico o nada I)

Hoy un niño ciego se ha sentado en el asiento de mi lado en el camión. Jugaba con los sonidos que provocaba su pie en los distintos materiales del bus mientras le contaba a su madre que había soñado que era rico y que se le salían los dientes. Ella interpretó entre risas que su hijo quería hacer negocio con el raton Pérez. Yo, por mi parte, me perdí en una pregunta...
¿Cómo sueñan los ciegos?
Entonces me acordé de un ex amante (uy, qué sofisticado queda eso!), ese que me susurraba que soñaba con mi olor... y yo le respondía que eso no era posible, siempre tan escéptica, por si acaso.
Ayer estuve un rato sumergida en una historia sobre sueños y realidad, con Michel Gondry y Gael García Bernal; entre inglés, español y francés... recomiendo la compañía y doy comienzo a un ciclo de posts sobre lo más curioso de mi no vida (esa que sólo se sueña).
Por el momento, ahí quedan un par de preguntas.

22.11.06

Every day is like Sunday... destripemos el concepto 'domingo'


Mmm... me levanto ¿qué tenía que hacer? Algo. Siempre hay algo que hacer, pero nunca es inmedito. Como un domingo.
Siendo un poco burda, los domingos me tocan los huevos (jaja). En serio, nunca fue mi día favorito. Será porque lo suelo pasar de resaca, que lo suprimo semana tras semana por salud mental y emocional... ¿Soy la única que no soporta los paseos domingueros? ¿as familias y las parejas? ¿Los cines abarrotados como en días de lluvia? ¿Las reposiciones de Noches de Fiesta en televisión?
No.
El domingo Dios decidió descansar y nos jodió a todos el invento (¿he dicho Dios y jodió en la misma frase?). Me deprimo muchísimo en esos días vacíos, me hacen sentir supersola. El domingo pasado dije algo a un amigo, algo así como "no me gustan los domingos porque son para familias o parejas y yo, ni tengo familia, ni tengo pareja"... y sentí que esto era algo viejo en mí; que llevo muchos años sola.
Llevo mucho tiempo sola.
Llevo mucho tiempo sola.
Llevo mucho tiempo sola y creo que ya no me quedan excusas para no aceptar que soy mayor.
Que dejé a mi madre y hermanas con 18 años.
Que mi padre me dejó cuando tenía 8 y mi hermano algun tiempo después.
Que todos me quieren, pero están lejos. Que lejos es una palabra en la que caben muchos kilómetros y ausencias.
Que nunca he creído en la pareja ni la he querido.
Porque camino siempre sola a pesar de los besos y el cariño que recibo. Que cualquier día se puede convertir en domingo si al despertar tienes tiempo de ir a comprar el periódico y de desayunar leyéndolo tranquilamente; si puedes despertarte de resaca y reunir a unos amigos casi tan solitarios como tú para cantar alrededor de una guitarra las mismas canciones de siempre.
Aquí tengo una guitarra (que no es mía), pero me faltan los amigos que se dejen despertar por una que aún anda mediopedo y alguna canción nueva... (¿alguien se atreve a adivinar la canción que estoy tocando?)

21.11.06

¿Qué decir?

Semana extraña la pasada, como l a mayoría de mis días aquí.
Llego del DF sin haber sido violada ni robada, ni siquierahe sentido la amenaza de unos ojos raros. Concierto de Morrisey. Cuántas ganas tenía de verlo y que cortito se me hizo. El miércoles llega visita y yo tengo que trabajar. A ver si busco un hueco para escribir el reportaje.
No hay huecos.
Se solapan presencias y faltas. Fiesta electropop con las Supremas de Móstoles incluidas. Yo esperando respuesta desde España, quiero trabajo, quiero trabajo!! (pero no quiero trabajar).
Sigo adelgazando en mi hamalgama de viajes y ausencias. Nervios.
Fin de semana, Congreso Nacional sobre Indigenismo. Otra realidad. La que raramente se materializa en los medios. Gente que vive de la tierra y lucha por ella. Rostros cubiertos con pasamontañas para ampliar voces que ni siquiera hablan del todo el español. Mis tacones nuevos carecen de sentido ante tanta piedra. Contradicción otra vez. ¿A qué me agarro? ¿Qué mundo escojo?
Superficialidad.
Miedo a lo que quiero ser.
Solamente me apetece estar sola. Y escribir. Y leer.
Y volver a tener 16 años o pasar directamente a los 30.
Nadie dijo que fuera fácil (y sin embargo lo es).
Y yo cada vez más flaca.

16.11.06

Conversaciones pendientes

Hoy me gustaría adentrarme en el maravilloso y enigmático mundo de las conversaciones pendientes. Todos las tenemos y acumulamos de forma natural, unas veces con más facilidad que otras, y allí se quedan, para siempre...
Las conversaciones pendientes casi suelen comenzar con un ¿por qué? Quizás sea nuestra curiosidad infantil que reaparece de otra manera una vez pasada la edad de las preguntas.
¿Qué pensáis? ¿Qué queréis saber?

15.11.06

Entre el 10 y el 15 de noviembre

Llevo algunos días de retraso en cuanto a notas mentales. Pensando en escribir sin hacerlo. Queriendo dejar un mensaje bonito a un par de buenos amigos. Preguntándome por qué nacieron justo el mismo día dos personas tan distintas y tan ligadas a mí.
El 10 de noviembre debió de ser un gran día en años distintos. Primero Luis y luego Alicia. Mi Luis; mi Alicia.
Luis, que se acabaría convirtiendo en la persona con la que he compartido la relación más sincera de mi corta vida, la confianza pura, inocente, que persiste a través de los años y los kilómetros. Porque él es de ésos que nunca retiran el cariño una vez que han decidido dártelo, ése que te hace sentirte especial en lo cotidiano, porque sí.
Y ya ha alcanzado el cuarto de siglo.
Alicia, 'la que siempre está lejos', ¿o soy yo?. Fuimos juntas al colegio, nos separamos en el instituto, pero nunca del todo. Yo me fui a Madrid y ella a Múnich. Convivimos un año en la capital y regresó a Granada. Yo a Turín, luego, ella a Berlín. Vuelta a Granada y a mí me da por cruzar el charco... y nunca nos dejamos. Porque nació un 10 de noviembre. Con sus preciosos ojos verdes y sus palabras cariñosas, de esas que a mí tanto me cuestan.
Ayer estuve en el concierto de Morrisey. Cuántos años esperando ese momento, que me supo a poco, a corto. Recordando las tardes en el Häga, esa tetería de Lavapiés en la que trabajaba en segundo, donde devoraba los cassetes del de Manchester y esperaba el milagro de un cliente libro en mano. Eso es para mí el cantante de The Smiths: tranquilidad de pies fríos, trajes de segunda mano y tés acompañados de tarta; baños con azulejos de colores y lámparas construidas con objetos cotidianos. Ese fue el año en Madrid que Ali y yo compartimos. Pero al concierto le faltaron muchas canciones. Igual que a nosotras nos faltaron muchos momentos que dejamos de tener.
Después fui a tomar unas chelas (cervezas) a un tal Red Pub y sonó más Morrisey mientras se colaba una canción de los Pixies, Where is my mind, entonces me acordé de Luis. Siempre me acuerdo de él con esa canción, porque él me la regaló, como tantas otras, y tiene el don de sonar en cualquier parte para hacerme sonreír...
Definitivamente, el 10 de noviembre debió de ser un gran día.

7.11.06

Amor, Amor, Amor...

Acabo de hablar con mi abuelita. Tiene 93 años y una vértebra rota. La llamamos Amor; se llama Amor, y todos los días desde que yo la recuerdo ha salido a pasear, por miedo a perder la capacidad de andar, por temor a condenarse a la vejez más triste hasta el fin de sus días. Ahora no le queda otra más que estar sentada y, además, le duele.
Amor empezó a trabajar con 12 años como ayudante de una costurera en Barcelona, donde se había ido a vivir con dos años desde su Albacete natal. Nunca habla de la guerra, porque dice que bastante mal lo pasó entonces como para recordarlo, pero yo sé que era la única de su familia que seguía trabajando durante los bombardeos y que su madre la recibía llorando al llegar a casa cada día, al ver que seguía viva.
Fue por aquellos tiempos cuando conoció a mi abuelo Lluìs. Él cuenta que Amor se escapaba a leer debajo de un árbol para huir de la violencia, no sé si esto es cierto o fruto de la imaginación romántica de mi abuelo. Lluìs era pintor y usaba su arte sirviendo al bando republicano como cartógrafo. Tras la guerra se quedó en Barcelona, pero no volvió a exponer. Para ganarse la vida, abrió una tienda de decoración en la calle Mallorca en la él se encargaba del diseño de los muebles mientras Amor atendía a los clientes.
Amor tuvo tres hijos, Lluìs, Ana y Jaume. El mayor murió de cáncer hace ya algunos años y eso es algo que ella nunca ha podido superar. Ana es mi tía soltera, la que nos dice que no nos tiene que querer porque seamos su familia, que hay hijos de amigos suyos a los que quiere más porque tiene más trato con ellos; sin embargo se muere de orgullo cuando alguien le dice que nos parecemos. Ahora Ana tiene un novio autraliano de 60 años, que pasa la mitad del año en Gerona, y está aprendiendo inglés.
De Jaume qué os voy a contar, es mi papá, Mohamed Rafiq para los amigos, flaco alto y narigudo.
Amor perdió a su marido y lo asumió como cierto e inevitable. Amor es piscis, como yo, pero es un pez de tierra. Cuando se quedó sola tomó la determinación de no molestar a nadie y se apuntó a un programa del Ayuntament que consiste en colocar a estudiantes en casas de ancianos. El estudiante tiene casa gratis y el anciano compañía (además, ambos reciben un dinerillo).
Más tarde se cansó de lo del estudiante y se unió a otro programa, este de la Cruz Roja, también para ancianos solos. Desde una centralita, cada día la llamaban por la mañana y por la noche para saber cómo andaba, además de llevar un chisme colgado al cuello para poder avisarles si se caía o sifría cualquier otro accidente.
Un día, paseando con su prima, ambas fueron a una residencia muy bonita que les gustaba a preguntar cómo funcionaba lo de mudarse allí. Amor rondaba los 80 años. Les explicaron que la lista de espera era como de 10 años y decidieron apuntarse por si en un futuro se decidían. El día que la llamaron de la residencia, Amor no estaba preparada para dejar su casa, pero no quiso perder la oprotunidad. Recogió toda su vida, alquiló el piso de la calle Mayorca y se marchó a vivir con las monjitas.
Ahora suele ir los domingos a misa, cosa que dejó de hacer el día que un cura le dijo que llevaba una manga demasiado corta para rezar, pero es porque allí todas sus compañera lo hacen y no quiere quedarse sola. Se ríe cuando me cuenta que al cura de la resi le costó mucho eso de llamarle Amor. Habla con una jovialidad impropia de una persona de 93 años y evita opinar sobre la vida de los demás porque no es su estilo.
Yo, de mayor, quiero ser como ella.
Apenas he podido contener las lágrimas durante la conversación. Al colgar se han disparado y me he visto más pequeña, lejana, flaca...ante una mujer tan grande.

6.11.06

Se quería comer el mundo de una sola mordida

Es propio de los animales el jugar, el hacer como que, pero no en serio. Y en esos juegos nadie debería hacerse daño, ni heridas; nadie debría llorar de veras.
Tampoco la vida debería doler.
No es justo que las las ganas de correr se traduzcan en tropezones, que la energía se convierta en miedo de forma arbitraria.
Todos tenemos derecho a equivocarnos, a jugar, a probar y echarnos para atrás si fuera el caso. Pero no existe el derecho a doler.
Y la vida lo hace aveces, sin tener por qué.

2.11.06

Catrina no encuentra su lugar

02 de noviembre de 2006, Patzcuaro, Michoacán. Hoy es el día de los difuntos y la isla de Janitzio camina adormecida por sus propios callejones. En medio del lago de Patzcuaro, los purepeches buscan su cama tras una larga noche de velar a sus muertos en el frío camposanto. Pero no son esos ojos rasgados los que más evocan el sueño. Cientos de jóvenes reviven dentro y fuera de las tiendas de campaña que aparecen por doquier, intentando recordar lo que hicieron ayer.
La islita siempre es invadida por estas fechas por una jauría adolescente ávida de alcohol y risas, unos cuantos reporteros y otros tantos turistas sin más. La apariencia de macrobotellón se impone con una rotundidad que apenas te deja moverte por las calles. Demasiada gente.
Las familias indígenas se dejan fotografiar con sonrisas y reponden a las preguntas de curiosos y estudiosos, mientras impiden que las velitas de sus seres queridos se apaguen. Dicen que les gusta el turismo, que no les importa que no sean creyentes, que es bueno que venga mucha gente a verlos. Y se esmeran en hacer un altar más bonito cada año.
La noche fue fría y decepcionante, a pesar de lo bonito del paisaje. El día de hoy será más relajado, para seguir visitando altares y probando la comida de cada uno de ellos, la que más le gustaba a los que no ya no están.