10.8.07

Con algo de retraso

La Realidad, 28 de julio de 2007

Es el último día de encuentro y estoy cansada, pero todo ha merecido la pena. Me quedo con la manera de comenzar el cuento que tuvo el "sub", algo así como: "los zapatistas hablamos de cosas que pasaron hace muucho tiempo para explicar lo que pasará mañana desde loq ue estamos viendo (y haciendo) hoy. Es por eso que se nos mezclan los tiempos y ya no sabemos muy bien de cuándo hablamos, y es por eso que los cuentos zapatistas no empiezan con 'érase una vez' sino con 'habrá una vez'.
Es su última aparición en estas jornadas y vuelve a la literatura para narrarnos sobre la luna y cómo ama a la noche, besando cada día su piel y recogiendo pedacitos de luz que la engordan, hasta que está llena y se vuelve a vaciar, más allá de las mopntañas, donde descansan los muertos de su rebelión, donde Ramona sonríe al saber que la próxima intergaláctica estará dedicada por entero a la mujer.
Y Marcos lo hace bonito, con su voz pausada y su capacidad de oratoria. La gente lo escucha, lo admira, lo espera en silencio desde que se intuye en el ambiente su aparición, cuando todos los soldados entran en elñ recinto y se forman; cuando todos los ojos buscan el pasamontañas diferente, la pipa, la barriga que sólo el tiene.
Y mientras habla, hasta la noche se para. Sólo se escucha el sonido del generador de luz y el de una respiración común que no llega a ser ruido. Los niños lloran más bajito porque intuyen que algo pasa ante la mirada inmóvil de sus padres. Los padres admiran a aquél que todos admiran aun siendop casi como ellos, casi indígena.
Es una lucha por lo más básico lñlena de palabras complejas: neoliberalismo, globalización, sistema capitalista. Palbras que se atragantan, se les traban en una lengua que no es la suya y se nota.
Estos días he tenido la sensación de estar inmersa en la Historia futura, en una de las historias, en plural, que enseñarán los zapatitas en sus escuelas. En un momento con sabor a maíz y olor a lumbre, pero eso no lo enseñarán los libros.
Y yo como mi propio relato, pequeñito en medio de tanta lucha, que también acaba hoy, pero con un final no deseado. Así que me ha quedado el corazoncillo algo rígido y a la espera, como el segundo antes de un estornudo, esperanza o cuarentena, sabiendo que el estornudo nunca llegará (ni una explicación que me ayude a comprender y termine con las preguntas).
Hay cosas que sólo pasan, quiera o no, y no está mal. El pecho me duele un poco, pero no está roto, sólo ha crujido leve y siento que soy capaz de sufrirlo sin más, igual que sé disfrutar de too lo que me está regalando este viaje.