29.11.09

De la generación perdida a la robada: los daños colaterales de la construcción de un mundo feliz.

Australia es el lugar con el que mucha gente sueña cuando piensa en un sitio utópico al que les gustaría viajar o en el que querrían vivir. Son las antípodas de España, lo más cercano a lo inalcanzable (y no sólo por la distancia) y uno de los países con mayor Ìndice de Desarrollo Humano del mundo. Cuando una cajera de supermercado australiana te saluda preguntándote cómo estás, no es una pregunta retórica (esperará a que contestes para cobrarte); si la tienda está cerrada, te pedirán perdón por las molestias con un cartel... son amables hasta el extremo, amantes de las reglas y deportistas, sanos, simples, felices. Las zonas suburbanas de Sidney están repletas de madres jóvenes con niños y niñas rubios a las que se dan todas las facilidades para procrear: largas bajas por maternidad, excedencias de años en todo tipo de trabajos (no sólo los públicos), parques, sesiones de cine especiales para que vayan acompañadas de sus retoños... Teniendo en cuenta la densidad de población del país, 2,5 hab/km2, no es de extrañar ese empeño por favorecer la maternidad. Sin embargo, toda esa amabilidad y ese bienestar, tiene ciertos límites, no es para todo el mundo ni en todas las circunstancias.

Una de las muchas cosas que me llamó la atención cuando estuve allí fue un programa de televisión (creo que se llamaba Frontiers, pero no estoy segura) que era un éxito en el páis. Se trataba de un reality que seguía el trabajo diario de la policía de inmigración de los aeropuertos autralianos. El interés de este programa residía en ver cómo la policía investigaba a la gente que llegaba, detectaba a aquéllos que decían venir de vacaciones pero pretendían quedarse en Australia y los mandaba de vuelta a casa. En concreto recuerdo la historia de un estadounidense que había llegado con billete de ida sólo y que llevaba una flauta en la maleta. En seguida sospecharon que podia tratarse de alguien que se disponía a sacarse dinero tocando en la calle. Lo interrogaron, le miraron la cuenta bancaria para saber cuánto dinero tenía, vieron que no tenía un duro y le mandaron con las mismas de vuelta a EEUU, todo oportunamente registrado por una cámara de televisión. Y el interés que (supongo) tendría para los australianos, sería el ver cómo los policías trabajaban para proteger su Mundo Feliz. Ese mismo Mundo Feliz donde la población aborigen, los auténticos moradores de la tierra están marginados por los amables, donde viven alcoholizados y fuera de todas las bondades del sistema. El mismo Mundo Feliz donde, durante cerca de un siglo, se estuvo robando a los hijos de los aborígenes para educarlos como blancos y mezclarlos con blancos con el fin de "asimilarlos" y que los negros fueran desapareciendo progresivamente. Donde la gente de los estados con mayor índice de aborígenes (como el Territorio del Norte, donde está Ayers Rocks) no duda en afirmar que no legusta que sus hijos vayan al colegio con éstos porque los aborígenes huelen mal y no saben comportárse (y esto es verídico).

La llamada "Generación Robada" son cerca de 150.000 niños que fueron arrancados de las manos de sus padres por parte de las autoridades australianas (en concreto por el Sistema de Protección de los Aborígenes, que tiene ya narices el nombre) entre 1885 y 1969. La razón para arrebatarlos de sus familias era el "protegerlos" de la corrupta cultura aborigen y convertirlos en blancos. Sobre todo a ellas. El plan era que se casaran con blancos y tuvieran hijos mestizos, que también eran casados con blancos. La segunda generación ya sería blanca del todo (y también sería arrebatada de sus padres para irse a vivir con familias de clase media, como no, blancas). Los niños y niñas robadas eran utilizados para trabajar en el campo y como sirvientas en casas, maltratados en muchos sentidos, pero "salvados" de perpetuar la cultura y la raza aborigen. Lo escandaloso de esta situación es que se estuvo perpetrando hasta 1969 y que sólo el año pasado el Primer Ministro australiano se decidió a pedir perdón, empujando a uno de los páises con mejor nivel de vida del mundo a reconocer una de las partes más vergonzosas de su joven Historia.




Conseguir la felicidad no es fácil, a veces tiene que haber mártires y otras muchas veces hay que negar ciertas realidades que afean. No sólo los niños aborígenes fueron maltratados en la Australia incipiente, también los hijos de los pobres ingleses fueron un daño colateral de la construcción de su calidad de vida. Ellos y ellas son la Generación Perdida o los Australianos Olvidados, pequeños de familias pobres del Reino Unido que el gobierno inglés enviaba para Australia con el fin de deshacerse de un problema y con la promesa de que encontrarían una vida mejor. Los menores embarcaban pensando que encontrarían un mundo lleno de aventuras y sus padres pensaban que allí les acogería una familia con recursos con la que no volverían a pasar carencias. La realidad es que eran forzados a trabajar en el campo y como sirvientes (de nuevo). Esta práctica se llevó a cabo entre 1930 y 1967 y no sólo a Australia, también a Canadá y Sudáfrica, con una política oficial que mandaba separar a los hermanos al llegar al destino. Canadá y Reino Unido aún no se han pronunciado ni han pedido perdón.

La vida idílica de Australia sólo es posible porque sus habitantes se esfuerzan a diario por mantener su mundo limpio de cualquier "mal" o "posible mal". Su corta historia, su escasa población y el hecho de que esté rodeado de agua, facilitan el control de lo que sucede en su "Mundo Feliz", permite que vivan al margen y marginen y que, en definitiva, por triste que suene, consigan lo que cualquier país desarrollado sueña sin atreverse a decirlo, como esa Inglaterra que se deshacía de los hijos de los pobres enviándolos a otros países de la Commonwealth a trabajar y el lugar en el que la gente sueña con vivir.


5 comments:

Perla H said...

Dios mio!! no conocía lo de la "generación robada"... mi cabeza hierve!

La gata que vuela said...

Para más información, está el libro "Follow the rabbit-proof fence" que es una historia real sobre tres niñas aborígenes que escapan de una institución "de acogida" y recorren 2.400 kilómetros para volver a casa. El libro, además, está escrito por la hija de una de esas niñas y fue posteriormente llevado al cine con el mismo título:
Rabbit-proof fence (en español creo que se llama "La generacuón Robada").

Ginés Alarcón said...

Muy interesante. Supongo que ese control de inmigración no es demasiado diferente al de otros mundos felices, sólo que más radical o evidente, y más, como dices, siendo una isla.

Y sobre el tema aborígen, ¿a qué indígenas se ha respetado?

La gata que vuela said...

Es cierto que, en cuanto a los indígenas, no se han respetado en ningún caso. Pero supongo que, cuando esto ocurre en la Historia reciente, nos impacta más. Lo que hicimos o hicieron nuestros antepasados hace 500 años nos parece inconcebilbe en la actualidad y, sin embargo, como se puede ver, pasa...

Ginés Alarcón said...

cierto, es eso...