14.3.07

Una historia ridícula

Qué tendríamos, ¿nueve o diez años?, ni sé, quizá hasta menos. En esta historia hay dos personajes: unos soy yo y al otro lo llamaremos J, para conservar su intimidad y esas cosas.
J y yo estábamos solas en su casa, un pequeño apartamento del Albayzín bajo con tres dormitorios, un baño y una cocina con una terracita desde la que se veía la Alhambra, creo que pagaban 24.000 de las pesetas de entonces (parezco una abuela hablando de perras gordas? pinche euro, nos ha envejecido), pero eso no viene al caso.
El caso, de hecho, es que a mí me entraron ganas de cagar y, no lo voy a negar, soy tranquila en esas cosas, me gusta tomarme mi tiempo. El problema surgió cuando a J le dio un apretón como que incontenible y no había más baños en el piso, así que cogió una bolsa de plástico y, eso sí, en lo que viene siendo la sala destinada para ello (en la que me encontraba yo), se agacha y deja a su cuerpo hacer.
Después de reírnos lo nuestro surgió el segundo problema: ¿qué coño hacemos con esto? Porque J temía la reacción de su madre ante tal guarrada. Así que rellenamos bien lo que quedaba de bolsa con papel higiénico y metimos esa bolsa en otra y en otra hasta uqe quedó casi una pelota compacta.
¿Y ahora? "Vamos a tirarla por la terraza", me dice J (o le digo yo, no sé a quién se le ocurrió la idea). Allí vamos y, sin mirar, la lanzamos. Claro que, nuestra curiosidad fue más fuerte y no pudimos evitar asomarnos para ver dónde había caído. Ahí sí que fui yo.
Y pude ver y ser vista. El barrendero, un hombre moreno con el pelo rizao y gafas de sol, miraba hacia arriba y se cagaba en tos nuestro muertos más una serie de amenazas que mi mente ha borrado por miedo (jaja).
Dios! J me aseguró que ella conocía a ese hombre y que él sabía dónde vivía, bla, bla. Total que, acojonadas, decidimos cerrar todas las ventanas y no movernos para que pareciera que no había nadie en casa... pero como no era suficiente, fuera a ser que entrara forzando la puerta, nos escondimos debajo de la cama y nos echamos el edredón por encima.
Estuvimos así un tiempo indefinido que a mí se me hizo eterno. Escuchando al barrendero en todas partes. Hasta que la puerta de la casa se abrió y llegó su padre para enconrtarnos en tremenda pose. Claro, ¿y cómo le explicábamos lo que había pasado?
Lo peor es que a día de hoy todavía me acuerdo de ese barrendero, que ya no sé si se ha convertido en una pesadilla o en mi hombre ideal, con lo que me gusta un pelo moreno y rizado, de esos que no tiene ni uno solo de los tíos con los que retozo...

4 comments:

luchinthesky said...

JAJAJAJAJJAJA. qué estilo tienes hasta pa hablar de mierda!
La verdad que yo, conforme leía, pensaba que al haber hecho una pelota el cuento iba a acabar así: y la tiramos por la ventana, y unos niños empezaron a jugar con ella al furrrrrbol y uno remató y...

retozar... adoro esa palabra!!!
muaks pivón

in the sky

Anonymous said...

la cuestión es... ¿la bolsa se rompió ó no se rompió?. ay, ya se me había olvidado la faceta escatológica de la minina :)

mil besos

tam

R punto said...

yo ayer me estaba cagando un monton y claro en el curro no hay mucha intimidad a esto que voy pal water y esta llno de peña,que si lavandose los dientes charlando....
Total que me digo a mi misma ahora no voy a irme, pero cagar no cagaba ni de coña con toa esa gente; me meti en el baño estube unos 3 min tiré de la cadena y ubi a la planta de arriba.
Truco consejo: cagar tirar y luego ya limpiarse Funciona mas que el oust.

kanlle said...

jajajaj, sabes, conforme leía pensaba que J era un hombre, umm interasente las asociaciones libres
yo de pequeña hice un grafiti en la pared con mi mierda que mi tio juan el pnitor se empeñaba a enmarcar, (me lo recuerdan en todas las reuniones familiare)
Gran historia, un recuerdo de alguna confesión de alguna resaca de esas en las que paseaba por ropa menos que interior en tu casa de torino, jjijj puta piel atópica... en fin, tal vez algun día sea una inicial en un post, jjjij
Besitos superstar