8.6.07

Out of context (además del peyote)

A veces las cosas pasan justo de la manera que tienen que pasar y preguntarse por qué carece de sentido. Puede suceder que salgas de viaje hacia el desierto y en el camino encuentres una cascada junto a la que dormir; que te lo pases como un enano jugando en el agua con dos cuerdas y un flotador enorme; que te rías como hacía tiempo que no lo hacías (y sin necesidad de alcohol !).
Cabe la posibilidad de que te encierres durante horas con tres personas en un coche y que esas tres personas resulten ser las necesarias para perderse en medio de la nada o en un poblado con nombre de flor.
Una vez me pasó que quise comer peyote sin plantearme demasiadas cuestiones místicas, pero abierta a lo que pudiera ocurrir. Y ocurrió. Los cuatro sin planear casi nada y chocamos con tres personas que nos aseguraron que no teníamos que buscar a la planta, que ella nos encontraría y el desierto se ocuparía del resto. Esas tres personas nos guiaron entre espinas, nos dieron camas en las que dormir y en las que no dormimos, nos acompañaron en el "viaje", manteniendo vivo el fuego y cuidándonos. Porque sí. Y en el cielo, la luna amaneció casi llena para alumbrarnos, mientras dos tormentas nos rodeaban con relámpagos, pero sin agua (casi). En medio de ese espectáculo, nosotros, cada uno de nosotros y todos. Lucía llorando y riendo, mezclando cielo y tierra, viendo el mar en el desierto; Elena en su cuento, sonriendo y sintiéndose a ratos incompleta, alguna lágrima pero muchas más risas; Federico (nombre en clave de Germán) oliendo a los Caños de Meca, viendo un lugar familiar junto al fuego; yo, encogiéndome dentro de mi ropa, notando cómo me volvía más ligera gracias al aire, cómo mis zapatos se me iban quedando grandes mientras andaba detrás de todos, cuidándolos, queriéndolos abrazar con mi nueva levedad.
Porque las cosas sólo sucedían y nos mimaban con su perfección; porque se fueron nuestros tres angelitos de la guarda y nos dejaron durmiendo junto a un lago, apretados bajo los sacos y el edredón y llegaron otros tres custodios, ¡eran perros!, que vigilaban para que nadie se nos acercara.
Dormir.
Ver amanecer en colores nuevos: verde espejo para el agua, amarillo para el resto.
Mágico (aunque sea un adjetivo desgastado).

Otras veces las cosas pasan como no tienen que pasar. Es cuando pasan para no quedarse, cuando se terminan como ahora. Sí, de nuevo ese olor a despedida. ¿Que debería estar acostumbrada? Quizás, pero ¿cómo hacerlo? No sé. Son ellos tres, y todos los otros. Es saber que no se repetirá, ni siquiera será parecido. Esparcirse y reencontrarse a pedazos. Mañana comienza la diáspora.
Siempre me encuentro gente que merece la pena, la pena de perderles un poquito, para cambiarles de contexto.
I think i'm gonna be sad, i think it today.

4 comments:

Anonymous said...

Mejor imposible!!!!nunca habia sentido cosas igual....y me da nostalgia el pensarlo. Lo bueno es haberlo compartido y seguir juntandonos de vez en cuando,la peña el aguacate,para seguir disfutando y compartiendo momentos.
Te quiero!

La gata que vuela said...

Advertencia: si te despiertas el día en que todo empieza a terminar y está lloviendo, no es buena idea escuchar a Morrisey.

kanlle said...

minaaaaaaaaaaa se me saltó la lagrimilla. ¿Cuando voy a verte?
Es una mezcla rara, porque tu diáspora te traerá cerquita de aquí, es la cara de la moneda, pero siento no haber estado allí, he soñado con tigo ultimamente nena.
Siento tus despedidas. También serán el comienzo de algo nuevo y no tiene por que ser fuera de contexto,
(Hoy tengo aminitis. Cuidado con Morrisey pequeña.)
Te quiero yo tb.

h said...

Mágica tú





y nunca con desgastes

(abrazos a las 4. Disfrutad de la gran ciudadd!)